¿Estamos extinguiendo el Romanticismo?

La Sociedad Moderna, este maravilloso periodo en el que hoy hombres y mujeres protagonizamos nuestra propia historia. Atrás quedaron los días en los que la lectura cumplía un papel fundamental para el desarrollo de nuestra creatividad. Poco a poco hemos ido intercambiando tediosas horas de páginas por hora y media de fascinantes películas, al final sentimos que hemos ganado valioso tiempo para ocupar en cosas más importantes… Resultaría totalmente inaceptable pasar un día sin enterarnos de todo lo que acontece entre nuestros contactos virtuales de Facebook. Nos enteramos más de sus vidas por lo que leemos en una pequeña pantalla que por lo que escuchamos a través de sus propias palabras y cuando les tenemos en frente seguimos buscando el brillo de la pequeña pantalla por encima del brillo de sus ojos.

¿Qué sentido tiene ahora mismo cortejar cuando su principal objetivo ha sido reemplazado por una garantía de conquista absoluta? Conocemos a una persona, intercambiamos números y de mutuo acuerdo entendemos que solo nos interesa pasarla bien, puntualizando claramente “Sin ningún tipo de compromisos”. Un buen temblor en las piernas es todo lo que necesitamos para seguir en contacto y todo esto sin el menor esfuerzo, solo basta una atracción física para comenzar el viaje hacia una fantástica relación donde lo único que se deja descubrir es lo que esconde un poco de ropa. En un rincón empolvado hemos dejado marchitándose a la vista del otro nuestras aficiones, nuestro sentido del humor, nuestros miedos y nuestras metas. Al final nada de esto es buen material para llevar a la cama y nos interesa más compartir fluidos que proyectos en común.

Si decidimos en algún momento mirar atrás recordaremos con absurda nostalgia una época en donde dedicar una canción era sin lugar a dudas hacerle el día a esa persona especial y si algo en la letra no encajaba con lo que sentíamos solo tocaba seguir buscando hasta encontrar la perfecta. Muchos llegamos a caminar con un ramo de flores tan llamativo que nos hacía blanco fácil de fulminantes miradas de envidia. Más de uno habremos despertado al sonido de una serenata y al día siguiente tocaba aguantar los reclamos de la vecina por privarla de su sueño. Ni hablar de esas llamadas a las tres de la mañana cuando nuestro cerebro se encendía con algunos tragos de más y como consecuencia comenzábamos a soltarle a quien se encontraba al otro lado del aparato lo que en pleno uso de nuestras facultades no nos atrevíamos (así era como sabíamos que no le eramos del todo indiferentes). Quizás algunos aun conservamos las cartas escritas a mano de nuestro primer amor, donde nos decía que nos necesitaba como la tierra al sol, como el aire para respirar o un montón más de tonterías que a nuestros treinta y tantos quizás aún conservamos en lo más oscuro de nuestro inconsciente pero jamás nos atreveríamos a sacar a la luz.

Hemos reemplazado los poemas por emoticones, las cartas por Tinder, los pétalos en la cama por…. En fin, el caso es que nos enorgullecemos de ello. El arte de seducir no es más que enviar esas fotos que nos hemos tomado frente al espejo y nos resalta como perfectos y saludables especímenes aptos para la reproducción. Mujeres intentando no parecer complicadas huyendo de la escena después de un buen polvo y hombres proyectándose como sentimentalmente inaccesibles. Todos girando alrededor de un círculo vicioso donde queremos sentirnos amados pero no amarrados. Todos siendo culpables hasta que se demuestre lo contrario.

Atrás quedaron los días en los que descifrar a una persona nos costaba algo más que un par de copas. Esos mismos días en los que buen despecho se mataba con horas enteras en el sofá en compañía de alguna tonta película y buenas dosis de chocolate  (no escuchando a tus amigos aconsejarte a que te tires lo primero que te pase por el frente). Una vez recuperados volvíamos a apostar por el amor sin temor a mostrar nuestras cartas.

Hoy somos lo que somos porque no queremos ser algo más, nos pre-fabrican en docenas y en lugar de perfeccionar el molde cada vez lo hacen más abstracto, más carente de forma y de sentimientos, nos domina un falso deseo de gustar al otro por cómo nos vemos y no por como pensamos. Quizás abrirnos de mente y no de piernas nos hace paradójicamente más vulnerables. Posiblemente en el fondo sabemos lo que buscamos pero tememos que nos encuentre, estamos mejor en nuestra soledad porque no nos permite salir lastimados. Jugamos al cazador de las presas fáciles porque suelen ser las que menos exigen. Hemos cambiado a Neruda por Pitbull y así nos va bien. Dejaremos el Romanticismo sepultado junto a nuestras ganas de creer que existe alguien por quien valga la pena ser irracionalmente espontáneo y seguiremos buscando solo el brillo de nuestras pequeñas pantallas.

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¿Qué se siente al Emigrar?

Una vez tomada la decisión comienzan a manifestarse esas tres palabras que día tras día y noche tras noche revolotean en tu cabeza, “Que pasa si…”  ¿Qué pasa si no consigo un buen trabajo?, ¿Qué pasa si me quedo sin dinero y estando tan lejos nadie me puede ayudar?, ¿Qué pasa si algún familiar enferma de gravedad y no tengo como regresar a hacerle compañía?, ¿Qué pasa si la que se enferma soy yo?, ¿Qué pasa si no consigo amigos tan buenos como los que estoy dejando?, ¿Qué pasa si me deprimo de tanto extrañar?, ¿Qué pasa si no era lo que yo esperaba?, ¿Qué pasa si no lo puedo afrontar?, ¿Qué pasa si no es la mejor decisión y me doy cuenta demasiado tarde?, ¿Qué pasa si no soy feliz?… y así, una lista interminable de “Que pasa si…” se empeñan en sabotear la etapa de los preparativos.

Una mezcla entre alegría y pánico te invade cuando ves tu pasaje en mano y sabes que la fecha de retorno que allí aparece es solo parte de la burocracia, ya que en Venezuela ninguna aerolínea te vende boletos One Way.

Los buenos consejos de esos pocos amigos que realmente desean lo mejor para ti se convierten rápidamente en una inyección de energía que reafirma tu instinto de superación y tus ganas de no fracasar en el intento. Por otra parte también toca aguantar a esos quienes te aseguran que a dónde vas es peor, que lo mejor es no arriesgarte, que aquí estas bien, que tienes tu propio negocio, que allá no hay trabajo y que seguramente te tocará limpiar pisos o cuidar ancianos para subsistir, que tu no fuiste a la universidad para eso, que ellos tienen un primo, tío o sobrino que se fue y ahora dice que quiere regresarse aunque sea nadando, que a fulanito lo humillaron mucho porque era moreno y que zutanita nunca encontró trabajo y ahora vive de las ayudas del Gobierno… En fin, es tanto lo que dicen que decides oír y no escuchar, porque si algo toca aprender es que la gente para arreglarle la vida a los demás esta mandada a hacer, nadie los llama, ellos vienen solitos y hasta se pagan el pasaje sin invitación, así que toca armarse de valor, rezar para que tu experiencia no sea la misma de ese sobrino y aplicar el refrán “A palabras eléctricas, oídos desconectados” para no terminar electrocutado al primer intento.

Llega el día en que toca despedirse. Quieres abrazarlos a todos tan fuerte como para fundirlos en tu piel y llevar su aroma contigo durante todo el vuelo, intentas llenar de fuerzas a esa madre o a esa abuela que dejas desconsolada ante la promesa de verte pronto. Dejas caer una sonrisa recordándoles que ahora tienen una excusa para viajar más y que gracias a Skype ni siquiera se van a dar cuenta de los 7.200  kilómetros que los separan. Intentas no derrumbarte ante ellos, al fin y al cabo fue tu decisión sacrificar su compañía a cambio de intentar conseguir una vida mejor. Así que a tragarse las lágrimas!, hacer de tripas corazón y mirarles por última vez hasta perder de vista sus siluetas. Lo más difícil es cuando te marchas con la certeza de volver a verles pero sabes que existe una posibilidad que quizás esta sea la última estampa grupal grabada en tu memoria durante años. Es allí cuando surgen nuevas  preguntas mientras chequeas el equipaje: ¿y si nunca pueden viajar todos juntos?, ¿y si yo no regreso?, ¿Cuántos años ya tiene mi abuela? – creo que está cerca de los 80!.

Subes al avión. En la pequeña ventanilla observas con nostalgia las lucecitas de esa tierra que te vio nacer, imaginas que en alguno de esos carros se encuentran varias personitas que has dejado con el corazón roto y rezando por ti para que cruces el charco a salvo. Ya no hay vuelta atrás.

Todas las sensaciones son nuevas ahora, todo es diferente, incluso hasta el sol. Resulta extraño acostumbrarse al protocolo que supone cruzar una calle o subir a un bus. Quieres fotografiar todo!, la comida, las plazas, la gente, los edificios y hasta la panadería de la esquina. Poco a poco comienzas a darte cuenta que puedes caminar y hablar por teléfono al mismo tiempo sin la paranoia porque alguien te persigue para quitártelo. Te preguntas ¿Cómo es que no me había decidido antes?, ¿Cómo es posible que piense que esta sensación de libertad es algo “anormal” y que me haya acostumbrado tantos años a vivir bajo el miedo? ¿Cómo hago para que mi familia disfrute de esto también?. Es justo ahí, en ese último punto cuando te provoca meterlos a todos en un teletransportador y que mágicamente aparezcan aquí para que también puedan disfrutar de esa libertad que hasta ahora les ha sido negada. Te recuerdas a ti mismo que no puedes darte el lujo de hundirte en la tristeza por la impotencia de lo que no puedes cambiar, ya que esto podría suponer que te enfermes y después la cosa se pone peor. Te acostumbras a vivir el día a día con la esperanza colgada en que todo va a salir bien.

Pronto dejas de sentir el acento en los programas de televisión, aprendes nuevas palabras y te convences a ti mismo que de nada sirve pensar “Si en mi país se le llama caucho, no tengo porque decirle neumático” Te recuerdas que NO ESTAS EN TU PAIS y si aquí es neumático pues neumático se queda y punto.

De pronto conoces al primer Paisano. ¡Qué alegría la falta de acento!, Que alegría que te entiendan cuando le hablas de los cauchos del carro y que no se ofenda si le dices – No seas rata chico!. Armamos entonces la tertulia sobre todas las cosas “raras” que hemos visto hasta ahora, sobre todo lo que no nos gusta y sobre lo que nos ha tocado aprender, las anécdotas de todas las ronchas que hemos pasado, le echamos la culpa al Gobierno porque gracias a su Des-Gobierno nos hemos visto obligados a huir de nuestra Patria y terminamos coincidiendo en que aquí estamos mejor, que ha valido la pena el sacrificio.

Cada noche te vas a la cama pidiéndole a Dios porque no tengas que despertar con una nefasta noticia. Una sensación de alivio aparece cuando abres los ojos y no hay novedad en el teléfono. Intentas convencerte que debes alejarte de esos pensamientos tan negativos, no sirve de nada torturarte psicológicamente de esa forma porque si nunca sucede algo malo malgastaste horas y energía sin sentido alguno. Es difícil controlar este miedo.

Tus días se van llenando de actividades que disfrazan la nostalgia. De pronto escuchas una canción que te recuerda a tu padre o a tus hermanos y buscas su foto en el teléfono, la miras durante varios minutos, lloras la mayor parte del tiempo y besas la pantalla empañándola con tus lágrimas. Respiras y sigues adelante.

Cuando menos te lo esperes recibirás un mensaje de algún fulano que solo has visto un par de veces diciéndote que tiene planes de venir pronto y que lógicamente espera que pueda quedarse en tu casa, por aquello de recordar viejos tiempos, aun cuando ni siquiera estando en el mismo País te había visitado. Es curioso como de esos fulanos nunca recibes un mensaje para saber si estás bien, si tienes comida, si te sientes solo o si necesitas desahogarte. Es aquí cuando tus dudas se despejan y ratificas que nadie está allí para ti, que tus decisiones se deben basar solo en lo que crees y no en lo que muchos opinen. Sentías miedo por dejar atrás a una multitud que se esfumo al igual que las lucecitas que veías por la ventana. Gente que te hacía sentir querido e importante, gente que temías extrañar y dejar atrás. Es ahora cuando aceptas que todo era un espejismo. Los verdaderos amigos siguen allí. Firmes a pesar de la distancia, no conocen de fronteras y sabes que aunque no te escriban frecuentemente permaneces en su corazón, así como ellos en el tuyo.

Con el tiempo llegan nuevas amistades, con alguno toca narrar una y otra vez la misma historia que justifica renunciar a todo por comenzar de cero. Algunos lo entienden (o al menos así parece), otros te miran incrédulos como si se tratara de una película de ciencia ficción. Unos empatizan de inmediato, otros se alejan poco a poco. Todos son diferentes, todos son únicos. Te hacen sentir la normalidad, agradeces su compañía en medio de tu soledad, ríes con ellos, aprendes de ellos, les dejas un poco de tus locuras y le sonríes con gratitud a la vida por haberlos cruzado en tu camino.

Nada es tan simple como lo pintan en las películas, pero con absoluta confianza me atrevo a decir que vale la pena!, que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. No se puede avanzar con apegos, hay que aprender que la vida es solo un ratico y que el temor a lo desconocido forma parte de ella. No por miedo a tropezar dejamos de caminar, no por miedo a fracasar dejamos de intentarlo, no por miedo al dolor dejamos de sentir y definitivamente no por miedo a morir debemos dejar de vivir.

© Patty Cardozo 2015

50 Sombras de una feminista

No acostumbro a escribir reseñas, ni a dar opiniones sobre temas sociales. En este caso he decidido hacer una excepción por un hecho que despierta mi curiosidad debido a la posición que mantienen algunas mujeres con respecto a la controversial película donde una chica, “mayor de edad” decide someterse por voluntad propia a las peticiones poco usuales de un hombre no mucho mayor que ella.

Oigo gritar a los cuatro vientos que este film promueve la degradación de la mujer, su humillación y entierra definitivamente la igualdad por la que el feminismo lleva décadas luchando. En fin, todo un alboroto sobre el tema.

Soy feminista cuando defiendo a capa y espada que cada mujer es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y con el mismo empeño condeno a toda aquella que decida dejarse dar nalgadas por un tipo durante el sexo. He aquí la doble moral. Hasta donde yo vi en ningún momento esta chica fue amenazada, violada u obligada y si pensó que con esto podía ganarse al hombre que amaba, pues sinceramente pobre de ella. Pero al fin y al cabo es su decisión y cada quien hace lo que mejor le parezca con lo que tiene. De allí a meternos a todas en el mismo saco hay mucha diferencia, al fin y al cabo se trata de una película, entiéndase ficción.
Me encantaría ver grupos de manifestantes ofuscados cuando el cine muestra la historia de un ciudadano común que en el fondo es un asesino en serie y tortura a sus víctimas con el único fin de enaltecer su ego o cuando una mujer es abusada y golpeada por su pareja adicta a las drogas. No veo comentarios en las redes sociales en alusión a estos temas, ni mucho menos arremetiendo contra quienes pagan una entrada para ver hora y media de violencia pura y dura.

Me considero feminista, apoyo la lucha para conseguir la igualdad entre géneros a nivel social, político o cultural, no para vanagloriarnos en nuestras acciones, ni para defender lo que cada una decida hacer en el dormitorio. Será que mi opinión en este último caso resultaría importante?… Si hoy decido decirte a ti, hombre o mujer, que está mal dejarte esposar por tu pareja durante el sexo, porque serias víctima de un acto que pretende humillarte, te atreverías a claudicar?…. No lo creo.
El sexo consensuado es más que satisfacción unilateral, es someter y dejarse someter bajo los límites que cada uno decida, todo es parte del juego, no existen normas ni deberes. Cada pareja es un mundo atrapado entre sus fantasías. En fin, creo que no me corresponde a mí valorar las preferencias orgásmicas de mi vecina. Tendría que estar realmente muy aburrida para fijarme si se ha leído una trilogía del Kamasutra o cualquier otro libro Gris.

Mis 50 sombras coexisten cuando observo con impotencia niños abandonados por sus madres, así como madres que hoy en día se han vuelto una carga para sus hijos y son olvidadas en una triste residencia de ancianos o cuando aún en el año 2015 tantas mujeres son maltratadas física y psicológicamente pero siguen pensando que es lo que merecen porque sienten que la vida las ha dejado a un lado. Son muchas las sensaciones oscuras que se apoderan de cabeza cuando no consigo respuesta para tantas injusticias, ahí es cuando verdaderamente me siento de manos atadas y no precisamente por la corbata de mi marido.

Esta película al igual que todo pasará de moda. Lo que siempre se mantendrá a la orden del día es la facilidad de la gente por juzgar al que piensa distinto, por no atreverse a mirar más allá de su nariz, por ser un cliché ambulante en busca de una constante aprobación social.

Finalizo citando una de mis frases favoritas de G. García Márquez:
“Nada de lo que se haga en la cama es inmoral si contribuye a perpetuar el amor”.

© Patty Cardozo 2015

Todo es Suficiente

Si la vida me ha dado mil razones para sonreír, ¿por qué perder el tiempo buscando una para llorar? Soy feliz porque así lo he decidido. He aprendido a encontrar la belleza en las cosas más simples. Me asomo en mi ventana y observo las aves revoltosas sobre las ramas, tratando mantenerse en pie aun con el viento en su contra.

Mis ojos y mi mente siempre están fusionados. No puedo simplemente mirar sin pensar. Reflexiono sobre todo aquello que se me cruza en el camino a diario.Siento placer en la sencillez y dolor en las injusticias. Debo confesar que siento una rara fascinación por mirar a la gente y construir en mi cabeza la historia de sus vidas, esto es algo que hago desde niña. Soy plenamente consciente de que mis acciones no van a cambiar el mundo, es por eso que siempre busco cambiar lo que este a mi alcance, llegar a cuantas personas me lo permitan, ayudarles, animarles o simplemente invitarlos a sentir lo bonito que es vivir.
Tengo todo lo que necesito. Mis huesos aún son fuertes, mis piernas me llevan a donde quiero llegar, mis brazos me sirven para alcanzar lo que deseo tocar. No existe mejor día para expresarme que hoy, el mañana aún es incierto. Quizás resulte algo presuntuoso escribir sobre mi felicidad, siempre se ha sabido que las mejores canciones son las que reflejan dolores y penas ya que expresan el sentimiento de tantas personas sumergidas en su sombra, sin atreverse a ver la luz que se encuentra más allá de su nariz. Pero hoy he decidido pregonar mi alegría por todo lo que tengo y no quejarme por lo que carezco.
Con el tiempo he aprendido a librarme de la gente toxica, gente que no aporta nada positivo a mi vida, gente que solo existe para criticar y juzgar las acciones de todos. No me gusta ese tipo de gente que te absorbe la energía hasta desgastarte. Los reconozco y sigo de largo.

Mi padre me ha enseñado a no apegarme a nada ni a nadie. Lo material no tiene valor cuando partimos de este mundo y las personas tienen al igual que yo, su tiempo prestado. Es por eso que prefiero recordarle a mis seres queridos lo mucho que los amo antes de suponer que simplemente lo saben.

Tengo amigos maravillosos que no conocen de distancias. Están aquí conmigo, tanto como lo están allá. He aprendido de ellos y ellos han aprendido de mí. No necesito hablarles a diario para hacerles sentir que no los he olvidado. Lo saben y con eso es suficiente.
Soy feliz porque no busco excusas para estar triste. Hoy tengo todo lo que necesito. Tengo aire en mis pulmones.

Quizás no es tan insípida

Había logrado convencer a mis buenas amigas para salir esa noche. Con apenas 21 años y esas ganas de comernos al mundo empieza el trajín. En mi afán de lucir perfecta combino cautelosamente mis zapatos de tacón alto con ese top color champagne que se ciñe a mi silueta, unos jeans para contrastarlos y como toque final una larga melena que cae enmarañada sobre mi espalda.

La noche apuesta por una larga faena de baile. Estando en el bar resulta inevitable alzar nuestras voces para poder escucharnos reír con esa gracia que caracteriza nuestra juventud. Nos mofamos de esa chica de la universidad que se creía la guinda del pastel, siempre recalcando que el nombre de su perfecto novio Mikell se escribía con K y que era un rubio joven empresario extranjero que la llevaba a conocer lugares de ensueño cada fin de semana. Podríamos durar horas hablando de la suertuda de Angela y de su estúpido romance que en el fondo nos carcomía de envidia.

El alcohol ya empezaba a surtir efecto, poco a poco iban llegando a la barra varios especímenes masculinos que sin ninguna posibilidad intentaban agradarnos con su falso carisma, todo parecían iguales, nos rodeaban como una manada de lobos hambrientos. Aun así las chicas y yo siempre encontrábamos la manera más elegante de escabullirnos entre la multitud y refugiarnos a salvo en algún rincón del oscuro lugar. De repente sentí la fuerza de una mirada penetrante que congelo mis huesos, un hermoso ejemplar que destacaba entre la multitud y cuyo nombre se escribía con K está sentado en la barra, parece triste, hundido en su miseria y un tanto perdido. Inmediatamente miro a mi alrededor buscando la figura insípida de Angela, asumo que debe estar como siempre pegada a él sin dejarle respiro. Sigo mirando sobre mi hombro durante un par de minutos. Me regocija pensar que tal vez me he equivocado, Mikell no trae a la sanguijuela pegada al cuello y quizás son los efectos del vodka pero siento que no deja de mirarme como una fiera herida buscando salvarse. Esta vez no quisiera escapar.

Sin pronunciar palabra me toma de la cintura separándome del grupo. Cómplice de sus intenciones suenan las mejores canciones de la noche y yo tengo el enorme placer de bailar junto al hombre más deseado del bar. Mis movimientos le hacen seguirme una y otra vez.

Nunca habíamos sido presentados. Pienso que quizás la tonta de Angela temía compartirlo, puede que tenga razón!, si fuese mío tampoco me arriesgaría. La curiosidad me obliga a preguntarle por ella, me responde inexpresivamente: – Hemos terminado. Por dentro salto de alegría pensando que puedo tener una oportunidad. Yo también merezco algo de romance, no es justo que la simplona de Angela lo tenga todo. Decido no pensar más en ella y disfrutar del momento.

Los minutos pasan de prisa. Mi amiga Laura me indica que ya es hora de marcharnos. No quiero irme, al menos no con ella,     pensé. El señor misterio pronuncia su segunda frase en toda la noche y se ofrece a llevarme a casa. A Laura no le parece buena idea, pero que sabrá ella?, seguramente ahora su envidia se dirige hacia mí por ser la afortunada de la noche. Hago caso omiso a sus reproches y me alejo tomada de la mano de Mikell.

Vivo a las afueras de la ciudad, tomamos la vía rápida y por la hora no hay más conductores de que preocuparnos. De pronto Mikell recibe un mensaje de texto. Logro mirar discretamente la pantalla de su móvil y alcanzo a leer que el remitente apodado como “Mi Angie” le ha escrito TE NECESITO AHORA. Sonrió hacia mis adentros pensando en la pobre tonta que se quedara vestida y alborotada. El “ahora” está conmigo.

El hermoso rostro de Mikell se transforma, su respiración se agita y se encierra absorto entre sus pensamientos, le pregunto si se siente bien pero no me responde. De pronto se detiene en medio de la nada y comienza a llorar, me pide que por favor salga del coche. Pienso que está bromeando, como va a pretender que me quede aquí sola a esta hora?. Una aterradora sensación se apodera de mí. No conozco para nada a este hombre. He sido una tonta al no haber regresado con mis amigas. Mi cabeza sigue gritando reproches y mis ojos observan a un “no tan perfecto” Mikell que sigue insistiendo en que no puede llevarme a casa porque debe regresar a la ciudad.

Tiemblo entre la rabia y el miedo, me encuentro sola a la orilla de una carretera por donde no circula un alma, lloro sumergida entre la angustia y desesperación. Los minutos transcurren como largas horas y Laura acude a mi rescate, nunca había estado tan feliz de verla. La abrazo fuertemente y voy todo el camino sollozando sin parar.

He terminado con los hombres perfectos.

Al pie de mi cama

Cada noche ansío volver a sentir con la misma intensidad de aquel momento, solo que esta vez debería merecerlo una persona que no olvide tan fácilmente… Fue difícil conocerte, te adore tan rápidamente y ahora se me hace imposible olvidarte. Fuiste una gran lección de vida y ahora me dejas dispersa entre preguntas sin respuestas. ¿Dónde guardo estas enormes ganas de pertenecerte?…

Mi mente te niega cada día un poco más, pero mi corazón está atento cuando siente algo relacionado a ti. Quizás me mantengo en este círculo vicioso en el que mi cabeza consiga borrarte pero mi corazón se encargaría de recordarle que existes. Sigo girando en la misma dirección una y otra vez, sin poder dar marcha atrás. Ya es muy tarde para hacerlo, he caído perdida en ese juego donde nadie gana, pero tampoco nadie se queja y todos siguen apostando a su suerte.

Todo este tiempo busque la manera más inteligente de llamar a las cosas por su nombre, solo que momentos confusos me han llevado a pensar que hay situaciones indefinidas que no merecen mención alguna. Ya no puedo precisar con claridad lo que somos, aunque te niegues a aceptarlo; algo somos, no?. Tu frase trillada de “hojas movidas por el viento” me resuelta un intento por esquivar ese amarre al que pretendo someterte, Si! La palabra correcta es Amarre!… Quiero sujetarte al pie de mi cama para encontrarte ahí cada vez que me sienta sola, quiero encadenarte a mi muñeca y mostrar ante el mundo que me perteneces, quiero sentir la mirada furiosa de mujeres cuyos intentos fallidos te han llevado a estar hoy conmigo y no con ellas, quiero perderme por primera vez en mi egoísmo. Estoy cansada de seguir esquemas, quiero ser yo sin complejos, te quiero perdido y fundido en mis besos.

Despierto ansiosa por encontrarte, no estas allí. Nunca lo estuviste, al menos no como yo quería. Solo buscabas saciarte de mí libremente y a tu antojo. Una vez más mi cuerpo reclama lo débil que soy, me pide a gritos esa dignidad que no consigo entre la ropa que hemos dejado en el suelo. Ensayo contener mi llanto con una sonrisa, intento ser fuerte para ocultar mis lágrimas de niña perdida. El espejo se burla del oscuro rímel que contrasta mis mejillas, mi cabello se enreda entre el peine y lo poco que queda de mi cordura, mi piel aun consiente las marcas que han dejado tus dedos negándose a deshacerse de ese rastro de culpa. Sigo enterrada en el caos que desprende la mañana.

Aún intento asimilar lo mucho que me cuesta aprender de mis errores, esperare de ti no más de lo que puedas darme. Quizás algún día sea yo quien detenga todo lo que se aproxima, por ahora mientras más esquiva intento ser más cae sobre mí con la única intención de dejarme saber lo fácil que es hacerme daño. Ahora mismo está lloviendo en mi rostro y no sé cómo detenerlo. La tormenta se hace cada vez más fuerte y al llegar a su punto más turbio mis ojos quedan secos, sin una lagrima por derramar. Las gotas reflejadas en mi ventana me recuerdan el frio que siento cuando no te tengo, espero largo rato y mis ojos se van cerrando al tiempo en que se aclara el cielo. Ya el agua de mi cara se ha secado.