50 Sombras de una feminista

No acostumbro a escribir reseñas, ni a dar opiniones sobre temas sociales. En este caso he decidido hacer una excepción por un hecho que despierta mi curiosidad debido a la posición que mantienen algunas mujeres con respecto a la controversial película donde una chica, “mayor de edad” decide someterse por voluntad propia a las peticiones poco usuales de un hombre no mucho mayor que ella.

Oigo gritar a los cuatro vientos que este film promueve la degradación de la mujer, su humillación y entierra definitivamente la igualdad por la que el feminismo lleva décadas luchando. En fin, todo un alboroto sobre el tema.

Soy feminista cuando defiendo a capa y espada que cada mujer es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y con el mismo empeño condeno a toda aquella que decida dejarse dar nalgadas por un tipo durante el sexo. He aquí la doble moral. Hasta donde yo vi en ningún momento esta chica fue amenazada, violada u obligada y si pensó que con esto podía ganarse al hombre que amaba, pues sinceramente pobre de ella. Pero al fin y al cabo es su decisión y cada quien hace lo que mejor le parezca con lo que tiene. De allí a meternos a todas en el mismo saco hay mucha diferencia, al fin y al cabo se trata de una película, entiéndase ficción.
Me encantaría ver grupos de manifestantes ofuscados cuando el cine muestra la historia de un ciudadano común que en el fondo es un asesino en serie y tortura a sus víctimas con el único fin de enaltecer su ego o cuando una mujer es abusada y golpeada por su pareja adicta a las drogas. No veo comentarios en las redes sociales en alusión a estos temas, ni mucho menos arremetiendo contra quienes pagan una entrada para ver hora y media de violencia pura y dura.

Me considero feminista, apoyo la lucha para conseguir la igualdad entre géneros a nivel social, político o cultural, no para vanagloriarnos en nuestras acciones, ni para defender lo que cada una decida hacer en el dormitorio. Será que mi opinión en este último caso resultaría importante?… Si hoy decido decirte a ti, hombre o mujer, que está mal dejarte esposar por tu pareja durante el sexo, porque serias víctima de un acto que pretende humillarte, te atreverías a claudicar?…. No lo creo.
El sexo consensuado es más que satisfacción unilateral, es someter y dejarse someter bajo los límites que cada uno decida, todo es parte del juego, no existen normas ni deberes. Cada pareja es un mundo atrapado entre sus fantasías. En fin, creo que no me corresponde a mí valorar las preferencias orgásmicas de mi vecina. Tendría que estar realmente muy aburrida para fijarme si se ha leído una trilogía del Kamasutra o cualquier otro libro Gris.

Mis 50 sombras coexisten cuando observo con impotencia niños abandonados por sus madres, así como madres que hoy en día se han vuelto una carga para sus hijos y son olvidadas en una triste residencia de ancianos o cuando aún en el año 2015 tantas mujeres son maltratadas física y psicológicamente pero siguen pensando que es lo que merecen porque sienten que la vida las ha dejado a un lado. Son muchas las sensaciones oscuras que se apoderan de cabeza cuando no consigo respuesta para tantas injusticias, ahí es cuando verdaderamente me siento de manos atadas y no precisamente por la corbata de mi marido.

Esta película al igual que todo pasará de moda. Lo que siempre se mantendrá a la orden del día es la facilidad de la gente por juzgar al que piensa distinto, por no atreverse a mirar más allá de su nariz, por ser un cliché ambulante en busca de una constante aprobación social.

Finalizo citando una de mis frases favoritas de G. García Márquez:
“Nada de lo que se haga en la cama es inmoral si contribuye a perpetuar el amor”.

© Patty Cardozo 2015

Todo es Suficiente

Si la vida me ha dado mil razones para sonreír, ¿por qué perder el tiempo buscando una para llorar? Soy feliz porque así lo he decidido. He aprendido a encontrar la belleza en las cosas más simples. Me asomo en mi ventana y observo las aves revoltosas sobre las ramas, tratando mantenerse en pie aun con el viento en su contra.

Mis ojos y mi mente siempre están fusionados. No puedo simplemente mirar sin pensar. Reflexiono sobre todo aquello que se me cruza en el camino a diario.Siento placer en la sencillez y dolor en las injusticias. Debo confesar que siento una rara fascinación por mirar a la gente y construir en mi cabeza la historia de sus vidas, esto es algo que hago desde niña. Soy plenamente consciente de que mis acciones no van a cambiar el mundo, es por eso que siempre busco cambiar lo que este a mi alcance, llegar a cuantas personas me lo permitan, ayudarles, animarles o simplemente invitarlos a sentir lo bonito que es vivir.
Tengo todo lo que necesito. Mis huesos aún son fuertes, mis piernas me llevan a donde quiero llegar, mis brazos me sirven para alcanzar lo que deseo tocar. No existe mejor día para expresarme que hoy, el mañana aún es incierto. Quizás resulte algo presuntuoso escribir sobre mi felicidad, siempre se ha sabido que las mejores canciones son las que reflejan dolores y penas ya que expresan el sentimiento de tantas personas sumergidas en su sombra, sin atreverse a ver la luz que se encuentra más allá de su nariz. Pero hoy he decidido pregonar mi alegría por todo lo que tengo y no quejarme por lo que carezco.
Con el tiempo he aprendido a librarme de la gente toxica, gente que no aporta nada positivo a mi vida, gente que solo existe para criticar y juzgar las acciones de todos. No me gusta ese tipo de gente que te absorbe la energía hasta desgastarte. Los reconozco y sigo de largo.

Mi padre me ha enseñado a no apegarme a nada ni a nadie. Lo material no tiene valor cuando partimos de este mundo y las personas tienen al igual que yo, su tiempo prestado. Es por eso que prefiero recordarle a mis seres queridos lo mucho que los amo antes de suponer que simplemente lo saben.

Tengo amigos maravillosos que no conocen de distancias. Están aquí conmigo, tanto como lo están allá. He aprendido de ellos y ellos han aprendido de mí. No necesito hablarles a diario para hacerles sentir que no los he olvidado. Lo saben y con eso es suficiente.
Soy feliz porque no busco excusas para estar triste. Hoy tengo todo lo que necesito. Tengo aire en mis pulmones.

Quizás no es tan insípida

Había logrado convencer a mis buenas amigas para salir esa noche. Con apenas 21 años y esas ganas de comernos al mundo empieza el trajín. En mi afán de lucir perfecta combino cautelosamente mis zapatos de tacón alto con ese top color champagne que se ciñe a mi silueta, unos jeans para contrastarlos y como toque final una larga melena que cae enmarañada sobre mi espalda.

La noche apuesta por una larga faena de baile. Estando en el bar resulta inevitable alzar nuestras voces para poder escucharnos reír con esa gracia que caracteriza nuestra juventud. Nos mofamos de esa chica de la universidad que se creía la guinda del pastel, siempre recalcando que el nombre de su perfecto novio Mikell se escribía con K y que era un rubio joven empresario extranjero que la llevaba a conocer lugares de ensueño cada fin de semana. Podríamos durar horas hablando de la suertuda de Angela y de su estúpido romance que en el fondo nos carcomía de envidia.

El alcohol ya empezaba a surtir efecto, poco a poco iban llegando a la barra varios especímenes masculinos que sin ninguna posibilidad intentaban agradarnos con su falso carisma, todo parecían iguales, nos rodeaban como una manada de lobos hambrientos. Aun así las chicas y yo siempre encontrábamos la manera más elegante de escabullirnos entre la multitud y refugiarnos a salvo en algún rincón del oscuro lugar. De repente sentí la fuerza de una mirada penetrante que congelo mis huesos, un hermoso ejemplar que destacaba entre la multitud y cuyo nombre se escribía con K está sentado en la barra, parece triste, hundido en su miseria y un tanto perdido. Inmediatamente miro a mi alrededor buscando la figura insípida de Angela, asumo que debe estar como siempre pegada a él sin dejarle respiro. Sigo mirando sobre mi hombro durante un par de minutos. Me regocija pensar que tal vez me he equivocado, Mikell no trae a la sanguijuela pegada al cuello y quizás son los efectos del vodka pero siento que no deja de mirarme como una fiera herida buscando salvarse. Esta vez no quisiera escapar.

Sin pronunciar palabra me toma de la cintura separándome del grupo. Cómplice de sus intenciones suenan las mejores canciones de la noche y yo tengo el enorme placer de bailar junto al hombre más deseado del bar. Mis movimientos le hacen seguirme una y otra vez.

Nunca habíamos sido presentados. Pienso que quizás la tonta de Angela temía compartirlo, puede que tenga razón!, si fuese mío tampoco me arriesgaría. La curiosidad me obliga a preguntarle por ella, me responde inexpresivamente: – Hemos terminado. Por dentro salto de alegría pensando que puedo tener una oportunidad. Yo también merezco algo de romance, no es justo que la simplona de Angela lo tenga todo. Decido no pensar más en ella y disfrutar del momento.

Los minutos pasan de prisa. Mi amiga Laura me indica que ya es hora de marcharnos. No quiero irme, al menos no con ella,     pensé. El señor misterio pronuncia su segunda frase en toda la noche y se ofrece a llevarme a casa. A Laura no le parece buena idea, pero que sabrá ella?, seguramente ahora su envidia se dirige hacia mí por ser la afortunada de la noche. Hago caso omiso a sus reproches y me alejo tomada de la mano de Mikell.

Vivo a las afueras de la ciudad, tomamos la vía rápida y por la hora no hay más conductores de que preocuparnos. De pronto Mikell recibe un mensaje de texto. Logro mirar discretamente la pantalla de su móvil y alcanzo a leer que el remitente apodado como “Mi Angie” le ha escrito TE NECESITO AHORA. Sonrió hacia mis adentros pensando en la pobre tonta que se quedara vestida y alborotada. El “ahora” está conmigo.

El hermoso rostro de Mikell se transforma, su respiración se agita y se encierra absorto entre sus pensamientos, le pregunto si se siente bien pero no me responde. De pronto se detiene en medio de la nada y comienza a llorar, me pide que por favor salga del coche. Pienso que está bromeando, como va a pretender que me quede aquí sola a esta hora?. Una aterradora sensación se apodera de mí. No conozco para nada a este hombre. He sido una tonta al no haber regresado con mis amigas. Mi cabeza sigue gritando reproches y mis ojos observan a un “no tan perfecto” Mikell que sigue insistiendo en que no puede llevarme a casa porque debe regresar a la ciudad.

Tiemblo entre la rabia y el miedo, me encuentro sola a la orilla de una carretera por donde no circula un alma, lloro sumergida entre la angustia y desesperación. Los minutos transcurren como largas horas y Laura acude a mi rescate, nunca había estado tan feliz de verla. La abrazo fuertemente y voy todo el camino sollozando sin parar.

He terminado con los hombres perfectos.