Al pie de mi cama

Cada noche ansío volver a sentir con la misma intensidad de aquel momento, solo que esta vez debería merecerlo una persona que no olvide tan fácilmente… Fue difícil conocerte, te adore tan rápidamente y ahora se me hace imposible olvidarte. Fuiste una gran lección de vida y ahora me dejas dispersa entre preguntas sin respuestas. ¿Dónde guardo estas enormes ganas de pertenecerte?…

Mi mente te niega cada día un poco más, pero mi corazón está atento cuando siente algo relacionado a ti. Quizás me mantengo en este círculo vicioso en el que mi cabeza consiga borrarte pero mi corazón se encargaría de recordarle que existes. Sigo girando en la misma dirección una y otra vez, sin poder dar marcha atrás. Ya es muy tarde para hacerlo, he caído perdida en ese juego donde nadie gana, pero tampoco nadie se queja y todos siguen apostando a su suerte.

Todo este tiempo busque la manera más inteligente de llamar a las cosas por su nombre, solo que momentos confusos me han llevado a pensar que hay situaciones indefinidas que no merecen mención alguna. Ya no puedo precisar con claridad lo que somos, aunque te niegues a aceptarlo; algo somos, no?. Tu frase trillada de “hojas movidas por el viento” me resuelta un intento por esquivar ese amarre al que pretendo someterte, Si! La palabra correcta es Amarre!… Quiero sujetarte al pie de mi cama para encontrarte ahí cada vez que me sienta sola, quiero encadenarte a mi muñeca y mostrar ante el mundo que me perteneces, quiero sentir la mirada furiosa de mujeres cuyos intentos fallidos te han llevado a estar hoy conmigo y no con ellas, quiero perderme por primera vez en mi egoísmo. Estoy cansada de seguir esquemas, quiero ser yo sin complejos, te quiero perdido y fundido en mis besos.

Despierto ansiosa por encontrarte, no estas allí. Nunca lo estuviste, al menos no como yo quería. Solo buscabas saciarte de mí libremente y a tu antojo. Una vez más mi cuerpo reclama lo débil que soy, me pide a gritos esa dignidad que no consigo entre la ropa que hemos dejado en el suelo. Ensayo contener mi llanto con una sonrisa, intento ser fuerte para ocultar mis lágrimas de niña perdida. El espejo se burla del oscuro rímel que contrasta mis mejillas, mi cabello se enreda entre el peine y lo poco que queda de mi cordura, mi piel aun consiente las marcas que han dejado tus dedos negándose a deshacerse de ese rastro de culpa. Sigo enterrada en el caos que desprende la mañana.

Aún intento asimilar lo mucho que me cuesta aprender de mis errores, esperare de ti no más de lo que puedas darme. Quizás algún día sea yo quien detenga todo lo que se aproxima, por ahora mientras más esquiva intento ser más cae sobre mí con la única intención de dejarme saber lo fácil que es hacerme daño. Ahora mismo está lloviendo en mi rostro y no sé cómo detenerlo. La tormenta se hace cada vez más fuerte y al llegar a su punto más turbio mis ojos quedan secos, sin una lagrima por derramar. Las gotas reflejadas en mi ventana me recuerdan el frio que siento cuando no te tengo, espero largo rato y mis ojos se van cerrando al tiempo en que se aclara el cielo. Ya el agua de mi cara se ha secado.

Adiós Venezuela (final)

Zaragoza

Damos la bienvenida a un nuevo año, la temperatura en Enero se hace un poco más fuerte y Mariangel nos invita una tarde a refugiarnos del frio en su cálido hogar, ha preparado una estupenda comida y estamos celebrando su nuevo trabajo lejos de Mequinenza. Nos habla del instituto Goya y de como debe conducir durante casi dos horas, tres veces por semana para impartir sus clases. Nelson y yo nos miramos con esa complicidad que solo nosotros podíamos descifrar. He aquí nuestra oportunidad de conocer Zaragoza!!!
Llego el momento de acompañarle en lo que para ella significaba una rutina, pero para nosotros era claramente la oportunidad de comprobar por nuestros propios ojos esa peculiar ciudad que solo conocíamos a través de una pantalla. Lo primero que llamo mi atención fue el moderno tranvía, la paciencia de quienes esperaban abordarle en cada una de sus estaciones contrastaba notablemente con la prisa incesante del ruidoso subterráneo de Barcelona. Sabíamos que lo primero que debíamos conocer era la famosa Basílica del Pilar, recuerdo haber escuchado decir a mi abuela que era la más bonita de toda España y allí la teníamos, a solo unos escasos metros. Su imponente arquitectura se convirtió de inmediato en producto de nuestra total atención. Nos adentramos a seguir explorándola. Sorprendentemente mi bandera tricolor nos saludó, así como quien reconoce a un viejo amigo, fue imposible evitar sentir ese nudo en la garganta que oprimia mis lágrimas. Al dar la vuelta y encontrar la radiante imagen de la Virgen recuerdo haber apretado la mano de Nelson, agradeciéndole entre mis oraciones por permitirnos estar allí. Pedí principalmente por la salud y la protección de mis familia, por su bienestar; ya por ultimo le pedí con humildad que nos ayudase a encontrar el camino, que esta nueva tierra pudiese abrazarnos como a uno de los suyos, en aquel momento sentí una fuerza superior a mí, por un instante no era una forastera, pertenecía a ese lugar y mi intuición me aseguraba que no sería la última vez que la Pilarica y yo nos encontrásemos.
Como ya habíamos visto la plaza decidimos salir por la puerta de atrás, el tiempo era corto y debíamos retornar a Mequinenza. Una rueda gigante reconoció en mí a esa niña que siempre llevo dentro, las aguas del Ebro reflejaban su silueta y le acompañaban al ritmo de una continua danza. Le pedí a Nelson que me hiciera varias fotografías con esa rueda de fondo, no dejaba de disfrutar del paisaje que me ofrecía el rio, sus puentes y por supuesto la fotogénica Noria. Nuevamente reconocí esa mirada de complicidad de mi marido y al unísono declaramos. – Debemos vivir aquí!-

Necesitábamos establecernos en una ciudad que nos ofreciera nuevas posibilidades. Me dedique a buscar opciones de alojamiento. En varias oportunidades escuchamos decir que nadie alquilaría por menos de un año y que las inmobiliarias eran bastante exigentes. A pesar de ese impedimento, mi persistencia se impuso. La Pilarica aposto por nosotros y nos puso en el camino a un casero que nos facilitó un lugar para vivir a un módico precio que nos podíamos permitir costear, su único requisito fue que pagásemos seis meses por adelantado

Nuestro hogar era un sitio austero. Solo teníamos lo necesario; una cama, un armario, una neverita y la mesa para el ordenador, prescindía de todo lo demás, incluso hasta de ventanas. Nelson y yo bromeábamos y le llamábamos el Bunker, para muchos esto habría sido el comienzo de un sentimiento depresivo o el arrepentimiento por una decisión apresurada, para nosotros significaba estar más cerca de nuestro objetivo. Los largos paseos por el Ebro se convirtieron en nuestra única alternativa para tomar aire fresco sin gastar dinero, en vista de haber pagado nuestro Bunker por adelantado la cuenta bancaria fue desapareciendo mágicamente unos cuantos ceros, al menos durante ese tiempo no teníamos que preocuparnos por un techo, solo contábamos con el dinero suficiente para abastecernos en lo más esencial.

Con el paso de los meses fueron cruzándose en nuestro camino nuevas amistades, los Maños nos han hecho sentir como en casa y cariñosamente nos han apodado “Venezomaños”. A diario pienso en mi familia, especialmente en mis hermanos, son tan jóvenes y aún no han podido disfrutar a plenitud sus mejores años, su libertad también se ha visto castrada y su única esperanza es recurrir al igual que yo a un exilio voluntario.
Se han vendido algunas pertenencias en Venezuela y nos hemos mudado a un pequeño piso de un curioso barrio cuyo nombre hace alusión a un conocido género musical aragonés. Ahora el clima no representa sorpresa alguna ya que podemos sentirlo a través de la ventana. Creo que hemos ido avanzando.
Nos agrada involucrarnos en la cultura de esta mágica ciudad, especialmente nos hemos fascinado con la ofrenda floral de un pueblo que manifiesta su amor y respeto hacia su Santa Patrona. He recobrado mi independencia dejando de mirar siempre sobre el hombro cuando camino por sus calles, fotografío casi a diario los rincones para compartir sus bondades entre familiares y amigos, a través de esas imágenes ellos también se han enamorado de “Mi Ziudad”. Sin duda alguna se ha convertido en ese pedacito de cielo que tanto necesitábamos. Es nuestro proyecto de vida que nos permite seguir siendo jóvenes.
He conseguido la oportunidad de ganar algo de dinero, mucho esfuerzo y poca paga – Debería ser este el lema del inmigrante – No reniego. Sé que el trabajo no deshonra y me gusta aprender de cada experiencia. Conservo intactos los conocimientos que me permitirán en un futuro apostar por el desarrollo de un País que me ha devuelto la vida.

Todo ha valido la pena, no dejo pasar un día sin agradecer a Dios por regalarme esta libertad, sentada en la ribera puedo apreciar la tranquilidad que me rodea, puedo sentir esa paz por dentro y me hace pensar que a pesar de los obstáculos todo saldrá bien, no estoy aquí por casualidad, he venido a aprender, he venido a ser libre, he venido a vivir.